8 de marzo: sobre el Día de la Mujer Trabajadora

Desde el Partido Comunista Maoísta, creemos necesario aclarar nuestra posición en torno a varios problemas que se dan en dentro del movimiento comunista al respecto de la lucha antipatriarcal y la movilización de la mujer obrera. Por ello queremos aprovechar el Día Internacional de la Mujer Trabajadora para abordar estas cuestiones. Lo primero que debemos indicar, es que las obreras y las burguesas no comparten los mismos intereses ni nada similar que se quiera vender desde los partidos de la socialdemocracia, desde parte del movimiento feminista, o incluso por parte de empresarias y políticas de todo el mundo que han aprovechado el tirón mediático del feminismo en los últimos años. La mujer obrera, al igual que todo el proletariado en su conjunto, necesita una política independiente de la burguesía, y ser parte integrante y fundamental de la revolución proletaria y de la construcción del socialismo y del avance hacia el comunismo, que supondrá la emancipación total de la humanidad. Entender que puede haber liberación para todas las mujeres antes de esto, es mentir a las masas, en la mayoría de casos de forma interesada.

Debemos señalar a las enemigas de clase de toda mujer obrera: ¿cómo puede buscar el beneficio de las mujeres Ana Patricia Botín mientras el Banco Santander subyuga a millones de mujeres del proletariado mundial? ¿cómo puede hacerlo Angela Merkel cuando ha gestionado la política de la oligarquía financiera alemana y europea y ha condenado a la miseria a millones de proletarias? ¿cómo puede buscar el interés de la mujer en su conjunto Yolanda Díaz, cuando sus engaños y constantes ataques a la clase obrera española, se ceban con millones de trabajadoras?

Ahora debemos valorar un segundo tema fundamental en cuanto a la lucha antipatriarcal: la lucha de las masas. Creemos que hay un grave problema en el movimiento comunista del estado español (de ahora en adelante, MCE): por una parte, tenemos varias organizaciones que lo rechazan totalmente y que afirman que el feminismo es burgués, que confunde a las obreras y divide a nuestra clase. También hay una tendencia reformista que idealiza al feminismo y le otorga un carácter revolucionario y emancipatorio para todas las mujeres. Son dos caras de la misma moneda: una actitud incorrecta ante el movimiento de las masas. Por un lado, el sectarismo e izquierdismo, por el otro, el seguidismo y derechismo.

Desde el Partido Comunista Maoísta nos ceñimos a analizar las masas como una parte fundamental de la historia, de la lucha de clases, y que se ve atravesada por las contradicciones propias de la lucha de clases. Por ello, los movimientos de masas incluyendo el feminista, no son más que una expresión de esas contradicciones, de esa lucha de clases. El camarada José Carlos Mariátegui analizó de forma dialéctica y certera lo que queremos decir:

Nadie debe sorprenderse de que todas las mujeres no se reúnan en un movimiento feminista único. El feminismo tiene, necesariamente, varios colores, diversas tendencias. Se puede distinguir en el feminismo tres tendencias fundamentales, tres colores sustantivos: feminismo burgués, feminismo pequeño-burgués y feminismo proletario. Cada uno de estos feminismos formula sus reivindicaciones de una manera distinta. La mujer burguesa solidariza su feminismo con el interés de la clase conservadora. La mujer proletaria consustancia su feminismo con la fe de las multitudes revolucionarias en la sociedad futura. La lucha de clases –hecho histórico y no aserción teórica- se refleja en el plano feminista. Las mujeres, como los hombres, son reaccionarias, centristas o revolucionarias. No pueden, por consiguiente, combatir juntas la misma batalla. En el actual panorama humano, la clase diferencia a los individuos más que el sexo. (‘’Las reivindicaciones feministas, 1924).

En definitiva, el movimiento feminista, igual que el estudiantil, el obrero, el antifascista, el ecologista, etc., se ve formado por diversas tendencias y no puede ser analizado como un ente homogéneo. En el momento actual de retroceso y reorganización revolucionaria en el estado español, todo movimiento de masas se ve controlado por una línea burguesa o pequeñoburguesa. Ahora bien, siempre existe una línea proletaria en su seno, una tendencia rupturista y/o revolucionaria, unos elementos avanzados que saben que no es suficiente con el sistema actual.

Es absurdo calificar todo el movimiento de masas como burgués por el hecho de ser reformista, ya que esto nos debería llevar también a rechazar el trabajo sindical u obrero en los centros de trabajo, barrios, etc., que fundamentalmente tiene reivindicaciones reformistas. El hecho de que esté compuesto por diversas clases sociales tampoco es el problema ¿o acaso los grandes partidos socialdemócratas históricos estaban repletos de burgueses? Los socialchovinistas y los primeros revisionistas estaban en partidos totalmente obreros, pero como decía Lenin: no es suficiente con ser de composición obrera, sino que hay que poner la línea revolucionaria por encima de todo lo demás. Debemos trabajar por acercar a los elementos avanzados de todo movimiento de masas hacia el comunismo, potenciar esa línea proletaria y dar la batalla por conquistar a las masas y aislar a los elementos de la burguesía.

Ahora debemos hablar del MCE: primero debemos criticar el enorme seguidismo al movimiento feminista, su institucionalización, y en definitiva debemos criticar el derechismo acrítico que se tiene en ocasiones hacia todo el movimiento de masas. Ha contribuido enormemente a blanquear al feminismo y a vaciarlo de un potencial contenido combativo, ligándolo a las reivindicaciones y actuaciones del Ministerio de Igualdad e intereses parlamentarios concretos. Son numerosas las declaraciones que piden un movimiento feminista fuerte para defender reformas institucionales, o bien para votar a la socialdemocracia y parar el crecimiento de otras opciones parlamentarias burguesas. En cambio, todo lo que se sale del control de los partidos burgueses, es condenado y se reprime, como se ha visto con numerosos casos de multas y juicios al movimiento feminista combativo en los últimos años.

En relación con esto, queremos tratar una última cuestión fundamental: la tendencia reaccionaria dentro del MCE. En general, se cae en dos errores fundamentales: el primero, ya lo hemos explicado anteriormente, un rechazo sectario al movimiento feminista. El segundo eje ha sido mucho más virulento: el ataque sin piedad contra el colectivo LGTB, fundado en un claro materialismo vulgar, como bien criticaba Lenin a aquellos que confundían las sensaciones con la propia materia.

Suele ocurrir que se confunden sistemáticamente el género y el sexo, y a su vez, incluso se hacen extraños compañeros de viaje, como, por ejemplo, alianzas y amistades con elementos del movimiento TERF (feministas radicales tránsfobas). Esto es en definitiva, caer en el materialismo vulgar que no sólo es un error analítico, sino que lleva a enormes errores en la práctica revolucionaria.

En definitiva, el MCE tiene serios problemas con su perspectiva de trabajo entre las masas, y en especial, con la perspectiva antipatriarcal. Pero ante esto, y en especial contra los reaccionarios, debemos ser muy tajantes y defender que la clase obrera es amplia, no se ciñe a un tipo ideal y metafísico, y que el trabajo de los comunistas no es dividirla, compartimentarla o enfrentarla. Debemos defender toda lucha justa de las masas, y sobre todo, elevarla hacia metas revolucionarias, poner sobre la mesa una hoja de ruta, una estrategia revolucionaria. Y así será como el género humano en su totalidad alcance su liberación y borraremos el viejo mundo capitalista, para construir uno nuevo.