La España vaciada: el medio rural y la ineficiencia del capitalismo

Resolución congresual del PCm

La popularización del término “España vaciada” comienza desde hace algunos años a tomar relevancia en el entorno no sólo mediático, sino también institucional y electoral.

La problemática de la despoblación en el medio rural es desde hace tiempo acuciante, y se agudiza de forma cada vez más severa, mostrando cómo el modelo productivo desplaza a la irrelevancia la vida fuera de los núcleos urbanos.  Más de la mitad de los municipios del Estado Español se encuentran amenazados por la despoblación -4.983 de 8.124- teniendo menos de 1.000 habitantes empadronados y sucumbiendo al envejecimiento poblacional. Las comunidades más afectadas por esta situación son Asturias, Cantabria, Galicia La Rioja, Aragón, Castilla-La Mancha, Extremadura y Castilla y León.

Estas ocho comunidades representan un 62 % del territorio del Estado Español, pero solo a un 24 % de su población.

Esta tendencia poblacional de sobra implantada no viene de la nada ni obedece a factores coyunturales o espontáneos, sino que las propias dinámicas productivas del capitalismo empujan a que se produzca de forma tan tajante una diferenciación entre las condiciones de vida en el medio rural y las ciudades.

El éxodo del campo a las ciudades no constituye una novedad. Se trata de un proceso que se inicia hace décadas en el caso del Estado Español y tiene mucho que ver con el proceso de migraciones iniciado en los años 40, y especialmente intensificado con los procesos desarrollistas de industrialización a partir de los 60 que se establecen en torno a los núcleos urbanos. La mecanización del medio agrícola favorece a esta tendencia, siendo necesaria cada vez menor cantidad de mano de obra en el campo, mientras simultáneamente aumenta la demanda de empleo en las grandes ciudades.

La concentración de la actividad productiva resulta eficiente a la burguesía, que va aumentando su peso en estos núcleos. Esta concentración no sólo de la producción sino también de la población lleva de forma inevitable a un progresivo aumento de los servicios de toda índole en los núcleos urbanos, que llegan de forma más tardía –si llegan- al medio rural.

El viraje del modelo productivo hacia una economía de servicios y que tiene como precedente esta nueva distribución de la población vuelve a excluir a los municipios y territorios que por la condiciones ya antes comentadas carecen de una actividad terciaria relevante más allá de casos sumamente puntuales en un sentido turístico y estacional, y que dependen en gran medida de la localización geográfica o el patrimonio histórico o cultural concreto. La falta de infraestructura y comunicaciones, las carencias en materia sanitaria, cultural y de ocio son algunos de los problemas que no favorecen que estas localidades sean “económicamente relevantes” y puedan de ninguna manera invertir este proceso de despoblación que a día de hoy parece imparable.

Las consecuencias que esta situación tienen en la vida de las personas que habitan los territorios de la España vaciada son flagrantes y abarcan todos los ámbitos de la vida. La migración poblacional hacia los núcleos urbanos no sólo justifica la falta de comercios y servicios de carácter privado, sino que tiene graves consecuencias también en el sector público. Hablamos de una gran cantidad de municipios que no constan de centro de salud, con unos servicios médicos insuficientes, falta de suministros farmacéuticos, médicos de atención primaria que abarcan un territorio muy amplio, grandes distancias y malas comunicaciones con los municipios donde se ofrecen servicios de urgencias, falta de especialistas… todo ello sumado a una población altamente envejecida, con un estado de salud más delicado y sin medios para desplazarse por propia cuenta. Del mismo modo, en muchas localidades se niega la creación de grupos escolares reducidos adaptados a las necesidades poblacionales, obligando a los estudiantes que residen en estos pueblos o aldeas a realizar desplazamientos diarios de decenas de kilómetros para asistir a clase.

La limitación de la actividad cultural y de ocio hace que la vida lúdica, especialmente atendiendo al sesgo juvenil, se realice mayoritariamente en las ciudades, lo cual de nuevo exige desplazamientos, o que se limite dentro de los pueblos a modelos de ocio altamente alienante que se suceden desde edades cada vez más tempranas, relacionadas con la aparición de adicciones que tienen un impacto más significativo en la juventud rural.

Falta de bibliotecas, cines, teatros, asociaciones deportivas y culturales… ahondan en estas problemáticas. Aquellas localidades donde se produce un aumento de estos servicios son aquellas que se encuentran en proceso de expansión, generando de nuevo un proceso de concentración en torno a esta ciudad naciente que abarca al resto de pueblos, pedanías y aldeas.

Falta de oportunidades laborales, de opciones académicas –tanto en niveles de educación obligatoria como posobligatoria-, de acceso a la cultura y ocio, de comunicaciones y tecnologías, de asistencia médica…es un perfecto caldo de cultivo que expulsa a jóvenes y familias de los núcleos rurales, favoreciendo un envejecimiento flagrante de la población.

Debemos analizar por contraparte la vida en los núcleos más urbanizados, pudiendo en contraste parecer constituir un ideal, pero nada más lejos de la realidad. La aglomeración de industria, servicios y población en torno a las grandes ciudades, si bien permite el acceso a una cantidad más amplia de servicios y concentra el empleo de forma significativa, se produce en unas condiciones de vida miserables para la clase trabajadora. La falta de acceso a la vivienda, la precariedad y la temporalidad en el empleo, el impacto para salud de las condiciones ambientales, los ritmos de vida más frenéticos…

La distribución demográfica en el territorio no es casual, pero tampoco es planificada, ni mucho menos persigue una mejor calidad de vida para la clase trabajadora. El fenómeno de la creación de monstruosas ciudades en contraposición a la despoblación de la vasta mayoría del territorio responde a una urbanización anárquica que responde a la concentración territorial de la producción y las economías de servicios.

Esta tendencia a la concentración de la industria y los servicios es inevitable en tanto que es ampliamente eficiente para la burguesía, y sería reaccionario pedir -acorde a las demandas de la pequeña burguesía rural- una campaña de industrialización o terciarización para los núcleos despoblados, o tratar de exigir una planificación urbana y demográfica de carácter estatal al Estado capitalista.

A pesar de ello, el fenómeno movilizador de la España vaciada sí ha tenido impacto institucional, produciéndose desde hace años acuerdos, encuentros y planes de carácter tanto estatal como autonómico para revertir algunas de las situaciones antes expuestas.

No podemos despreciar la justeza de muchas de las demandas de la clase trabajadora rural, orientada sobre todo a revertir la eliminación o el desabastecimiento de bienes y servicios que imposibilitan la vida en estos territorios, sin embargo, también debemos analizar críticamente el trasfondo de muchas de las medidas y compromisos de los distintos gobiernos en la “lucha contra la despoblación”.

Las bonificaciones fiscales a empresas que tengan su domicilio en ciudades despobladas, el aumento de las subvenciones a estos empresarios, el empuje al turismo rural –que crea poco empleo y de carácter estacional-… todo este tipo de medidas combinada con unas políticas del todo insuficientes en materia de servicios públicos llevan de manera inevitable a que los grandes beneficiarios de las políticas contra la despoblación sea ni más ni menos que la pequeña burguesía rural. Es importante también destacar que la falta de financiación de los territorios despoblados constituye un punto de inflexión para la falta de servicios públicos, en la medida que la distribución demográfica encarece el coste de dichos servicios debido a la dispersión o la disminución de los ratios por profesional.

Este proyecto ha reunido a los representantes de las 8 comunidades que componen la España vaciada, poniendo en común a presidentes del PP, PSOE y el Partido regionalista cántabro. Este y el resto de iniciativas que tratan de parchear las deficiencias que deja la espontánea distribución demográfica y urbanística demuestran precisamente la ineficiencia del capitalismo y la necesidad del Estado -bajo acuerdo de los representantes institucionales de todo corte y color- de intervenir para poner freno a una situación que tiene mal arreglo bajo las propias lógicas del capitalismo.

Desde el Partido Comunista Maoísta no podemos sino entender el problema de la despoblación en el territorio del Estado español como un fenómeno que responde a las lógicas del capital, y que perjudica no sólo a la población del medio rural, sino también a la clase obrera en general, que ve su vida sujeta a una planificación urbanística y de  los servicios que no es eficiente para la vida, sino en exclusiva para la producción y para la clase dominante.

Debemos apoyar las reivindicaciones de la clase trabajadora del medio rural que buscan proteger los servicios públicos y garantizar unas condiciones dignas de vida en el territorio despoblado, pero sin dejar de señalar y desconfiar el carácter de las políticas promulgadas desde las instituciones que tienen como fin último beneficiar al tejido empresarial del medio rural o provocar un desplazamiento de las empresas ya existentes hacia estas ubicaciones, así como tratar de parchear las deficiencias del capitalismo para blanquear un sistema que no sólo es violento con nuestra clase, sino también absolutamente ineficiente.