La reforma laboral y el peligro de las falsas ilusiones de la socialdemocracia

El pasado jueves 23 de diciembre, los integrantes de la tripartita Mesa de Diálogo Social -Gobierno, patronal y sindicatos- acordaron una nueva reforma laboral tras meses de negociaciones. Dentro del Gobierno, la coalición de Unidas Podemos celebra a bombo y platillo el acuerdo, catalogándolo de “día histórico para la gente trabajadora” o sentenciando incluso que “la reforma laboral del Partido Popular ya es algo del pasado”. La artífice pública de la reforma, la vicepresidenta segunda y ministra de Trabajo Yolanda Díaz, pone en valor que sea un acuerdo firmado con la patronal ya que supone un cambio de paradigma, ya que se trata de una reforma que beneficia a los trabajadores fruto del diálogo social.

Los comunistas debemos denunciar no solo la exageración y la mentira que la socialdemocracia hace de esta reforma, sino las graves consecuencias que tiene difundir sus falsas ilusiones en el movimiento obrero.

El Gobierno vuelve a vender humo sobre la reforma laboral, concretamente Unidas Podemos como motor impulsor de la misma. La mayoría de aspectos clave de la reforma laboral del Partido Popular de 2012 -y otros de la reforma anterior que llevó adelante el PSOE en 2010- siguen vigentes, como las bajas indemnizaciones por despido o la legislación sobre las ETT. Además, medidas de esta nueva reforma como la eliminación del contrato de obra y servicio no servirán, porque seguirá utilizándose otros contratos temporales con las mismas funciones, o la extensión de los ERTE a situaciones de normalidad que mantiene la flexibilidad de las empresas. El mantra de esta reforma es que se pone coto a la temporalidad, y la realidad es que no habrá un impacto real en la misma. Además, debemos tener en cuenta que no se puede acabar con la temporalidad a golpe de decreto por el carácter estructural que adquiere en el imperialismo. 

A falta del texto definitivo y su publicación en el BOE, sabemos a ciencia cierta que ni se ha derogado la reforma laboral previa, ni se trata de un cambio de paradigma. Como decíamos, la socialdemocracia no solo miente a la clase obrera con la supuesta derogación de la reforma laboral del PP, sino que además propaga las falsas ilusiones sobre el parlamentarismo y las reformas entre los trabajadores. 

Decimos que estas falsas ilusiones son peligrosas porque cuando Yolanda Díaz pone en valor el diálogo social y el acuerdo con la patronal, abandera la paz social y la conciliación de clases. Los revolucionarios sabemos que la paz social, equilibrar la situación entre el movimiento obrero y la patronal y evitar revuelos mayores, significa desmovilizar a la clase obrera y vehicular -o más bien, enterrar- sus luchas dentro del marco burgués.

Tampoco debemos caer en que el futuro de la clase obrera se encuentra en decretar reformas laborales sin el acuerdo de la patronal. Ignorar el carácter de clase del Estado y creer en que la legislación burguesa que es beneficiosa para los trabajadores se cumplirá, es condenar al proletariado a vivir eternamente bajo el yugo del Estado burgués y del trabajo asalariado.

Relacionado a esto se encuentra cómo concebimos los comunistas el diálogo social, así como las tesis de la acumulación de fuerzas que representan las fuerzas prosoviéticas. En un comunicado público en que celebra el acuerdo, el PCE afirma:

“La derecha y la ultraderecha braman con impotencia por el fracaso de su estrategia de confrontación desestabilizadora, y sobre todo, ante el nuevo éxito del Gobierno progresista que representa UP y Yolanda Díaz, que hará avanzar las posiciones de la clase obrera y el sindicalismo (…) El Partido Comunista de España se alegra por el importante acuerdo alcanzado entre el Gobierno, patronal y sindicatos. Acuerdo que sin duda significará un cambio de tendencia histórica (…) Debemos seguir persistiendo ante las maniobras y el sabotaje de la derecha (…) Somos conscientes de que el acuerdo es solo un avance, y que queda un largo camino para conquistar nuestros derechos sociales y laborales”. 

Esto es un error. Hay que tener claro que los comunistas debemos ser tensionadores del movimiento obrero y sindical. La intensificación del diálogo social trae consigo distintos problemas, como ignorar el carácter de clase del Estado y pretender que este sea imparcial y pueda resolver conflictos de manera equitativa, o la institucionalización del conflicto social con su respectiva desmovilización sindical. Los comunistas debemos intensificar el conflicto para defender que el eje principal del sindicalismo es la defensa y lucha de los trabajadores, pudiendo devenir estas en acuerdos o conversaciones con la patronal, pero no al revés.

Esta declaración del PCE, además de sumarse al humo de Yolanda Díaz y Unidas Podemos con el “éxito” reforma laboral, desprende la política espontaneísta que es común a todo el espectro prosoviético, la política de la eterna acumulación de fuerzas que tanto daño ha hecho al movimiento comunista.

La tarea actual de los comunistas en el movimiento obrero debe ser el trabajo entre el proletariado consciente, entre las masas obreras avanzadas para señalar los límites y constituir el apoyo para la futura lucha revolucionaria.

No puede ser en ningún caso resignarse a malos acuerdos o vehicular las luchas obreras mediante vías parlamentarias porque la correlación de fuerzas es débil en la calle y en los centros de trabajo, es un pez que se muerde la cola, un estrategia que conduce al estancamiento continuado del movimiento obrero a pesar de las luchas espontáneas que puedan realizar las masas. La espera hasta la gran noche en que la correlación de fuerzas es favorable es una espera eterna, una espera que solo conduce a la ciénaga del parlamentarismo y del oportunismo.

Desde el Partido (marxista-leninista) de los Trabajadores rechazamos firmemente esta nueva reforma laboral y denunciamos el humo y mentiras que propaga la socialdemocracia. Denunciamos las falsas ilusiones de esperanza bajo los límites del Estado burgués y las tesis oportunistas que se desarrollan en el MCE.