Con motivo del próximo 8 de marzo traducimos este artículo de los camaradas de Tjen Folket. Puede consultarse el artículo original en el siguiente enlace: https://tjen-folket.no/index.php/en/2017/03/03/a-class-based-feminism/

Traducción del artículo de Tjen Folket Media

Estamos a favor de un feminismo proletario. Pero quizás es un concepto que no está muy claro para la gente ¿Qué es «proletario» y cuál es realmente la diferencia entre el feminismo proletario y el «feminismo»?
¿Qué tipo de lucha de las mujeres debemos librar? La lucha de las mujeres está, como la mayoría de las cosas, relacionada con la clase. La forma en que vivimos nuestras vidas, cómo trabajamos y ganamos dinero y el lugar que ocupamos en la jerarquía social afecta a nuestra forma de pensar y a nuestras opiniones sobre las cosas.
También influye en el tipo de lucha de las mujeres que deseamos. Hay una lucha de las mujeres relacionada con todas las clases principales de la sociedad, una lucha de las mujeres relacionada con el feminismo burgués, el feminismo pequeñoburgués y con el feminismo proletario.

El feminismo burgués

El feminismo de la burguesía es el feminismo de los que están en el poder. Noruega es un país imperialista, por lo tanto su feminismo es de tipo imperialista. El feminismo burgués defiende el sistema social actual y forma parte del movimiento de difusión del capitalismo y del imperialismo. ¿Qué es el imperialismo? El imperialismo es que las grandes empresas se extiendan a través de las fronteras nacionales y se conviertan en enormes monopolios. Imperialismo es que grandes partes del mundo sean mantenidas en la pobreza por unas pocas potencias imperialistas. El imperialismo es que el poder de algunas empresas y estados siga creciendo mientras otros son eliminados o no tienen la oportunidad de crecer. El imperialismo es la razón por la que se puede leer que la riqueza de ocho hombres es mayor que la de la mitad más pobre del mundo. Imperialismo es que las mujeres pobres de Bangladesh trabajen 12 horas al día para producir ropa para las mujeres de las partes occidentales del mundo. El imperialismo es el sistema del mundo actual. Las feministas burguesas no se dan cuenta ni se preocupan por esto. Las feministas burguesas quieren hacer la guerra contra Afganistán para «ayudar» a las mujeres de allí.

La carga de la mujer blanca

El feminismo burgués ve la civilización occidental como el centro del mundo y la antepone a todo lo demás.
Las feministas burguesas desprecian y son alegremente racistas contra las personas de otros países y culturas, y basan este racismo en que la cultura occidental es más civilizada, desarrollada y amigable con las mujeres.
Utilizan la lucha de la s mujeres para poner a Noruega o a Occidente por encima de otros pueblos. Generalizan y desconfían de los demás y se apresuran a ver la opresión de las mujeres en otros países, siempre que puedan culpar al «enemigo». Quieren salvar a las mujeres de otros países de su cultura y de los hombres de allí.

Pertenecen a la tradición de «la carga del hombre blanco», pero la han cambiado por «la carga de la mujer blanca». Esto también está relacionado con su posición privilegiada, ya que tienen pocos problemas en comparación con las mujeres de las clases bajas. Sin embargo, las mujeres burguesas también son discriminadas. Experimentan la cultura masculina en los organismos poderosos de la sociedad, en las empresas privadas, en el Estado y en los consejos y direcciones. Experimentan más tareas domésticas. Se ven afectadas por la tiranía de la belleza, la violación y la violencia. Por lo tanto, también están motivadas para la lucha de las mujeres.

Sin embargo, su feminismo es un feminismo para conseguir el poder en el capitalismo, es el feminismo de Hillary Clinton, es el feminismo para conseguir que las mujeres estén al mismo nivel que los hombres en el capitalismo y que se oprima a otras personas. Este feminismo no es el feminismo dominante en las organizaciones de mujeres en Noruega, aunque se pueden encontrar individuos que se caracterizan por él dentro de las organizaciones. Este feminismo se identifica principalmente con las mujeres con poder, las mujeres que trabajan en la dirección del estado, en la dirección de los partidos políticos y las empresas, en las llamadas ONG’s (organizaciones no gubernamentales) en otros países, en la ONU, las que trabajan con la difusión de los intereses noruegos y el capitalismo, que ellas mismas afirman que es lo mejor para la gente en el mundo.

Una feminista burguesa pensará que es un paso adelante que, como mujer, pueda sentarse en el consejo de administración de una empresa que reprime fuertemente a las mujeres en otras partes del mundo. Antes, esto era un privilegio reservado a los hombres. Pero como decía Engels, en el capitalismo cada progreso es un retroceso relativo.

El feminismo pequeñoburgués

El feminismo pequeñoburgués es más inestable. La mayoría de las feministas pequeñoburguesas quieren aplastar la opresión de las mujeres, pero rara vez pueden tomar una posición contra el imperialismo y el Estado. Esta es la forma de feminismo de la mayoría de las organizaciones feministas noruegas de hoy. Son buenas para analizar los sistemas sociales, reconocen la lucha de clases y a menudo se inspiran en el socialismo. Son capaces de criticar el sistema, pero no pueden tomar una posición clara contra la propiedad privada, contra el imperialismo y contra el estado.

Por ejemplo, pueden criticar las estructuras sociales que sostienen el patriarcado, y trabajar para cambiarlas, pero sin ver que las estructuras sociales se basan en las estructuras económicas.
Otros creen que la «estructura de poder de género» es la base de la opresión de las mujeres, mientras que el marxismo se basa en que la propiedad privada y la creación de ésta, junto con la familia y el estado, es la base de las estructuras sociales.

Que las estructuras sean opresivas es una cuestión, pero el marxismo explica por qué.

Las feministas pequeñoburguesas son a menudo dependientes del estado, trabajan en varios casos para el estado y se encuentran por tanto en una posición intermedia en la que ven y analizan la represión pero no pueden separarse de ella. No quieren rechazar a las feministas burguesas. Esto se debe a la creencia de que la opresión de las mujeres es la contradicción fundamental del mundo. Por eso algunas piensan que «todas las mujeres» deben formar una alianza, aunque en la práctica va en detrimento de la perspectiva de las mujeres más oprimidas. Entre algunas feministas que ven la cuestión de género como la principal contradicción del mundo, podemos ver una reticencia a atacar a las belicistas como Hillary Clinton o a las racistas como Sylvi Listhaug y Siv Jensen. No es ese feminismo el que podemos apoyar.


El feminismo burgués se interpone en la lucha contra la mayor amenaza para las mujeres del mundo: el imperialismo. Esto hace que algunas organizaciones feministas se queden sólo con el reformismo, la cultura o la política y estilo de vida. La lucha cultural es correcta. Pero es más que la cultura lo que está mal, porque la cultura es un resultado del sistema. Esto significa que, a menos que la lucha cultural consiga cambiar los fundamentos del sistema, no tendrá éxito. La lucha de las mujeres relacionada con la cultura, como la cultura de la violación, el sexismo, la publicidad retocada y la liberación sexual, es buena. Necesitamos un feminismo que vea que el capitalismo y el estado reprimen a las mujeres y que quiera levantarse en una lucha militante contra esto. Un feminismo que ponga a las mujeres más oprimidas en el centro y que ataque sin miedo tanto a los hombres como a las mujeres en posiciones desde las que se practica la represión.

Feminismo proletario

El proletariado es una clase formada por trabajadores, personas con un salario relativamente bajo, que no son dueños de los medios de producción, que están en una situación de subordinación en su trabajo o completamente excluidos del mercado laboral. El feminismo proletario es revolucionario. Un feminismo para las mujeres trabajadoras y explotadas de todo el mundo que el imperialismo reprime debe ser revolucionario.

Queremos una organización de mujeres rojas, que se base en la situación de las mujeres oprimidas y que luche principalmente por ellas, sin miedo a repeler a los burgueses, sin miedo a atacar Estado y al imperialismo noruego; al contrario, debe ser la tarea principal.

Una organización revolucionaria de mujeres que se base en que la opresión de las mujeres surgió con la propiedad privada, y esa es la base de la subyugación de las mujeres. La organización de las mujeres debe conducir a la movilización política, a la movilización revolucionaria de las mujeres. Puede ir en ambas direcciones; Anuradha Ghandy escribió sobre cómo el levantamiento armado y la organización armada en la India significó que las mujeres ganaron la confianza para organizarse y así llevar a una de las mayores organizaciones de mujeres en la India.

También puede ser al revés, al organizar a las mujeres para que luchen por sus derechos, aumentará la conciencia política y las mujeres participarán más en todas las luchas.

Los análisis políticos en Noruega suelen estar ciegos ante el imperialismo. Muchas feministas no tienen problema en ver la opresión a la que están expuestas las mujeres sin permiso de residencia en Noruega, las mujeres que son víctimas de la trata de personas o que venden sus cuerpos.

La mayoría de las feministas condenan que las mujeres de Bangladesh trabajen por un salario bajo mientras producen ropa para las mujeres de Noruega. Pero la consecuencia de esto, una lucha revolucionaria de las mujeres, no la tenemos hoy en día en Noruega. Este feminismo debe construirse sobre nuestra solidaridad con las mujeres trabajadoras de todos en Noruega. Este feminismo debe construirse sobre nuestra solidaridad con las mujeres trabajadoras de todos los países, especialmente en aquellos países que son oprimidos por el imperialismo.

Un ejemplo de por qué esto es importante lo explica una trabajadora que cose textiles en Azmeri, Bangladesh. Le preguntaron si deberíamos pagar precios más altos por los productos que compramos. «Realmente no importa», responde. «El dueño de la fábrica sólo se llevaría una parte más alta de los beneficios». Ella tiene muy claro quién tiene el poder de decidir los salarios, los precios y quién se beneficia de las ganancias. Hay una serie de empresas que cobran más por los productos sin que el trabajador de allí cobre más.

El aumento de los precios va a parar a los propietarios de las empresas, al mismo tiempo que éstas lo utilizan para que los compradores se sientan mejor.

Debemos ver a través de estas ilusiones, y luchar contra el sistema que facilita este tipo de explotación de los trabajadores.

Un feminismo de clase